lunes 14 de noviembre de 2016

Discapacidades dirigenciales

Por Juan Domingo Ramón para Sintonía Xeneize.

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Desde los comienzos del club, allá por 1905, Boca y el barrio tuvieron una comunión muy especial. El esfuerzo de los trabajadores del puerto sumado a las familias que habitaban el barrio le brindaron al club su impronta. Quien no se acuerda de aquellas imágenes en blanco y negro donde se veía a los tranvías colmados hasta los techos de hinchas de Boca, al grito de “si si señores yo soy de Boca”.

Y si, Boca es eso. Es el trabajador, es el desempleado, el pobre, lo popular. Boca es aquel que no tiene una alegría durante la semana y espera que su equipo con un resultado le cambie el día. En pocas palabras, ser de Boca es dar todo sin pedirle nada a cambio.

Ese sentimiento tan lindo que solo muchos tenemos la fortuna de sentirlo, nadie puede o podía creer que se intente cambiar. Pero pasó lamentablemente.

Charlando con una vecina del barrio me contaba, con lágrimas en los ojos: “Sabes lo que era el barrio? Nosotros vivíamos en La Bombonera. Mis hijos se criaron ahí. Pero eso ya cambió. Hoy el club se alejó del barrio y si no pagas no entras” me relataba la señora.

En estas semanas las decisiones tomadas por el club ratifican este testimonio. Los chicos del barrio, muchos de origen humilde, van al club a realizar diferentes cursos… y sin importar el contenido del curso, estos servían para cobijarlos de una situación social complicada, apremiante… tanto en el barrio como en la ciudad y el país. Ahora a estos chicos se los obliga a asociarse y abonar una cuota para poder seguir haciendo esos cursos. Uno ve eso, lo piensa, recuerda lo que es Boca y se sorprende de ello. Pensamos que con esta medida se había llegado a un límite, pero nos volvimos a equivocar.

Esta vez se metieron con las personas con capacidades especiales sin tener el más mínimo sentido de humanidad. Hace poco el club tomó la medida de requerir a las personas con capacidades especiales que sus acompañantes se hagan socios para poder entrar a los partidos. Eso, además de ser algo sin sentido e ir contra la Ley, empezó a alejar a estas personas.

Pasándolo en limpio, los dirigentes buscan sacar un rédito económico por algo que es gratuito. Vale recordar que Boca supera los 100 mil socios adherentes y los 60 mil activos. En consecuencia 60 o 70 socios mas no le modifica la economía del club pero si perjudica la posibilidad de las personas con más necesidades puedan ingresar a La Bombonera.

Esta medida, que parece exagerada, terminó siendo poco. Porque ahora, estos dirigentes, muy iluminados ellos, tomaron la decisión de que a partir del próximo partido de local, cada una de las personas con discapacidad envíen un correo electrónico con 48 hs de anticipación, solicitando la entrada. Pero, aún peor, también requieren que estas personas estén 2 horas antes que comience el partido para retirar sus entradas, en la calle, haciendo fila.

Yo me pregunto… y les hago dos preguntas. ¿Alguno de estos dirigentes, tienen un familiar que deba hacer algo así… dejaría que un familiar pase por esto? O mejor aún es preguntarnos ¿Te imaginas a Angelici, Ferrari o Aguas haciendo una fila similar a dos horas de empezar el partido? Y no… la verdad que no. Como dice la popu, “eso es para la gilada”

Uno, tratando de entender, piensa… Será una medida económica para favorecer al club? Y la respuesta es no. A Boca esto no le cambia absolutamente nada, porque con esta medida Boca solo tendría alrededor de 100 socios más.

Pensé en hablar de la normativa, las exigencias legales y porque Boca no cumple con la ley… pero mejor, decidí, es hablar de personas, de historias de vida.

Cuando uno va a la cancha durante tanto tiempo, y al mismo lugar, conoce a mucha gente, a muchas personas. Una de ellas se llama José. Para quienes no lo conocen, les cuento, José es un chico de unos 21 o quizá 22 años. Él, cada vez que juega Boca va a la cancha con su madre, quien lo cuida y manipula su silla de ruedas. Uno al observarlo ve a un chico con su mirada hacia la nada, con la cabeza erguida, y piensa… que sentirá ese chico? Esa respuesta llega de forma inmediata y mágicamente cuando José entra a La Bombonera. En ese momento su mirada se transforma y la sonrisa que se dibuja en su cara es gigante. En ese momento, uno le da sentido a todo.

Durante el partido Carmen, que no sabe mucho de futbol y que solo va a la cancha por su hijo, se acerca a él, lo mira, lo acaricia y lo cuida. Hasta que de pronto llega ese gol de Boca, tan esperado por ambos, y se funden en un abrazo.

El vínculo entre ambos es único e inexplicable. La vida de Carmen es complicada. Es madre de 4 hijos, y hace changas de costurera para poder vivir… pero en ese momento ella también es feliz, todo tiene un sentido para ella.

Ahora, está angustiada. Al llegar a La Bombonera, en la entrada, le comunicaron que el club tiene una nueva norma. Le dijeron que desde el próximo partido no podrá entrar con su hijo al estadio si ella no se hace socia, si no paga la cuota. En su cabeza, Carmen piensa: “qué y cómo voy a hacer”. Tiene la pensión de José y la plata que consigue haciendo trabajos de costura… lo cual apenas le alcanza para paliar las necesidades de la familia.

Pasa el tiempo y llega el próximo partido. Primero observo que hay menos personas en ese sector. Después me acuerdo de José y Carmen, y los busco con la mirada… pero nada. Dejo pasar un rato, y los vuelvo a buscar. De nuevo, nada. En ese instante me doy cuenta que una medida absurda y discriminatoria le gano a la sonrisa de ese chico y la felicidad de esa madre.

Por ese motivo, por esta historia y por muchas más, les solicitamos a la comisión directiva del club que dé marcha atrás con la medida.

Queremos un Boca inclusivo y al lado de su gente. Boca es de todos y para todos.

Por Juan Domingo Ramón para Sintonía Xeneize. Juan es socio de Boca Juniors, periodista y productor de Sintonía Xeneize y SoyBocaRadio.

Textos: @juandoramon

Autor: Luis Alejandro Puig

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